Edad Media:
Aunque las primeras referencias que tenemos de Arizaleta son de la edad media, sus orígenes pueden ser muy anteriores, tanto como la alta edad media o la edad antigua. La primera mención es de 1135, cuando un testigo de una escritura se presenta como Petro Arceiz de Ariçaleta. No es una mención directa del pueblo por ser un apellido, pero sí una prueba casi inequívoca de su existencia.
La siguiente noticia que tenemos, de 1205, sí que nos habla de Arizaleta. Por entonces la Orden de San Juan de Jerusalén tenía campos en su término, lo que en la edad media era muy habitual dada la popularidad que le daban las Cruzadas. En 1252 en Arizaleta había tierras que pertenecía al señorío de Novar y este a su vez al monasterio de Marcilla. Estos datos anteriores nos hablan, a pesar de ser las primeras noticias de su existencia, de una organización plenamente asentada. El señorío de Novar, cuyas ruinas persistieron hasta finales del siglo XIX, se situaba entre Riezu y Villanueva, cerca del río Ubagua. Pocos años después (1257) tenemos otro nombre relacionado con el pueblo, Dona Milia de Ariçaleta, que otorga unas piezas (campos) al monasterio de Iranzu que tenía en Muez.
A través de un impuesto especial que se impuso sobre los bienes eclesiásticos para financiar la Cruzada en Tierra Santa, sabemos que por aquellos años (1268) había en la parroquia además del abad (párroco) otro cargo eclesiástico, un beneficiado, que se ocupaba en ayudarle en los oficios religiosos.
Del siglo XIV, de las políticas de los reyes de origen francés, nos han llegado importantes informaciones relacionadas con la población. En 1350 había en Arizaleta 4 fuegos (familias) no hidalgos, en 1363 dos clérigos y en 1366 vivían en el pueblo 10 fuegos en total. Además tenemos los nombres de algunos de sus habitantes: Sancho Periz, Johan Lopiz, Miguel Yuaynnes, Miguel Periz...
Los siguientes años fueron muy duros. Debido a las epidemias y las guerras principalmente, los habitantes de estas tierras se veían obligados a pedir al Rey que les perdonasen o rebajasen los impuestos que le debían. Así en 1370, un funcionario visita Arizaleta, hallando solamente dos labradores (personas de calidad no hidalga) en el pueblo, siendo estos un viejo ciego y su hijo. Los anteriores le informan que si se les rebajan los impuestos, otros del pueblo que se vieron obligados a emigrar volverían.
En 1427 la población había aumentado un poco, contando en total con 12 fuegos de los que seis eran hidalgos y uno clérigo. Pero este aumento no significa una clara mejoría de la situación, pues en los siguientes años continuarían las peticiones a la corona para que les fueran benévolos con los impuestos.
Edad Moderna:
El año anterior a la conquista de Navarra en 1512, el último rey privativo de Navarra, Juan III de Albret, otorga a Sancho de Azcona (el señor del palacio de Azcona) las pechas (unos impuestos) de Arizaleta y otros pueblos vecinos. Pero esto no iba a durar mucho. Después de la conquista del reino, en 1514, el rey Fernando el Católico cambia de manos estos privilegios para dárselos a un partidario suyo, Martín de Ganuza, militar natural de estas tierras que estaba a su servicio. Este traspaso traería un conflicto entre los dos interesados, que se reflejó en pleitos que se mantuvieron durante unos treinta años.
El primer estudio demográfico que se hizo tras la conquista (1514) muestra el estancamiento de la población que se mantenía, como hacía casi un siglo, en 12 fuegos. El precio que costaba la independencia asfixiaba a la población, y como veremos más adelante, tras la conquista comienza una época de progreso.
En 1536 tenemos ya el primer nombre de un abad (párroco) de Arizaleta, Juan de Goñi. La religión era un aspecto básico de la vida, y en ámbitos rurales más todavía. Las obligaciones religiosas y económicas de las familias hacia sus difuntos podían ser muy pesadas para las familias más humildes, y para ayudarles nacen las cofradías. En 1536 se fijan por escrito las normas por las que se regía la Cofradía de San Pedro, la cual era llevada en común entre Lezáun (cuya parroquia se titula de San Pedro) y Arizaleta.
Una nueva información de población nos dice que en 1553 la población era ya de 22 fuegos, lo que evidencia ese despegue de la sociedad. Esto último, unido a un cambio en los gustos arquitectónicos, propicia la construcción de un nuevo templo que ha llegado hasta nosotros. Comienza por estas fechas a trabajar en la nueva iglesia el maestro cantero Esteban de Urreta, pero en 1558 muere y le sustituye su hermano Lope. Como los trabajos en la iglesia la hacen no apta para el culto, en 1561 y al menos hasta 1569, se alquila una casa para guardar los ornamentos y celebrar los oficios.
Los feligreses contribuían a la iglesia por dos conceptos, el diezmo y la primicia. El diezmo, que consistía en la décima parte de lo que producían, se destinaba a pagar al abad (párroco) y a los beneficiados. Por su parte la primicia, que era aproximadamente un cuarentavo de la diezma, y provenía de los primeros frutos producidos, se utilizaba para los gastos de la parroquia. En 1577 entre los frutos recogidos para la primicia había trigo, habas, lentejas, arbejas, garbanzos y alolba.
Con los trabajos de la iglesia sin terminar, en 1582 muere Lope de Urreta, y la obra se detiene hasta que en 1585 la retoma Pedro de Larreta, el cual la termina en 1598 cuando se tasa el templo.
El último año de este siglo, en 1600, se muestra una realidad que habitualmente no se refleja en la documentación de la época, el uso del vascuence. Como una gran parte de la población solo conoce esta lengua, desde el obispado de Pamplona, se manda que se enseñe la doctrina y algunas oraciones en vascuence para que la gente lo entienda.
Con la iglesia ya terminada, pero aún sin terminar de pagarla, comienzan los gastos en su ornamentación interior con la colocación de un sagrario hecho por Pedro de Moreto (1601).
Una preocupación común en la sociedad de este tiempo es buscar la notoriedad. Así, en esta sociedad claramente estamentada, se persiguen las preeminencias en los actos públicos, y sobretodo en ámbitos rurales, se reducen prácticamente a los actos religiosos. Pero en el pueblo de Arizaleta, en el que a finales del siglo XVI y principios del XVII la gran mayoría de sus vecinos son hidalgos, y por tanto iguales en clase, se buscan otros modos para sobresalir. De esta forma Andrés Diez de Arizaleta pretende demostrar que su casa es palacio y por consiguiente tener preeminencias en la iglesia, a lo que sus vecinos se niegan en rotundo.
En 1604 muere el abad Carlos Diez de Arizaleta y comienza el proceso para elegir su sustituto. Como el patronato de la parroquia lo ostentaban los vecinos del pueblo, estos tenían el derecho de elegir entre los candidatos que se presentaban, los cuales solían ser naturales del mismo pueblo o de los alrededores. En este caso la mayoría escoge a Domingo de Azcona.
De 1612 nos llega una información demográfica sorprendente. En ese momento la población era de 25 fuegos, es decir, se había duplicado en apenas un siglo.
Ese mismo año se realiza el último pago de la construcción de la iglesia, dejando entonces abordar otros proyectos.
En 1615, cuando Sancho de Garísoain era el ermitaño de San Bartolomé, ya había una casa en el pueblo dedicada para tener las reuniones del concejo o baçarres. La representación del concejo la llevaban dos jurados o regidores que iban cambiando cada año, además dentro del Valle había una división administrativa intermedia llamada cendea que era presidida por un diputado, el cual era rotativamente un vecino de un pueblo de los que formaban la cendea. El Valle se juntaba con presencia de diputados y jurados en el pueblo de Arizala, donde estaba la casa del ayuntamiento.
Un año antes de morir Domingo de Azcona (1623), se paga el Cristo obra de Juan Imberto que hay en la iglesia. Le sustituirá en el cargo de abad Juan de Urra. Durante su etapa se afrontará una de las preocupaciones entorno a la iglesia, el estado del suelo, que siendo de tierra y con la presencia de las sepulturas, resulta incómodo y se decide enlosarlo.
En 1641 muere Juan de Urra y es elegido como nuevo abad Juan de Urreta. Como veremos, durante su cargo se realizarán nuevos trabajos en la parroquia, y no con ausencia de polémica. El suelo termina de enlosarse, pero como su calidad no es satisfactoria, se entabla un pleito entre el cantero (Fernando de Landa) y el abad. También se construye la sacristía, que había sido una exigencia constante por parte del obispado hacia la parroquia desde hacia unos años. Pero el gran proyecto que tendrá lugar será la construcción de un nuevo retablo y sagrario para la iglesia. Los herederos de su artífice seguirán durante muchos años exigiendo al abad una supuesta deuda de su pago.
1669 es el año en el que un suceso violento desencadenará un largo proceso judicial. Una noche, un presbítero del pueblo vecino de Iturgoyen llamado José Fernández de Iturgoyen, llega provisto de unas escalas al pueblo de Arizaleta. Este, pretendiente de una mujer llamada Quiteria de Villarreal, trepa a la casa de ella para tomarla. Tras este suceso, la madre y hermanas de Quiteria la llevan para protegerla al monasterio de Estella de la benedictinas. Mientras, José fanfarroneaba por el pueblo con que tendría que ir a Estella a sacarla otra vez de su refugio. En este momento las autoridades eclesiásticas toman cartas en el asunto y lo encierran a la cárcel. Pero esto no lo detiene, y logrado escapar de la prisión, llega a Arizaleta, y armado con un arcabuz, va en busca de los testigos que declararon en su contra y de los familiares de Quiteria. Este episodio no acaba bien pues un hermano de ella recibe un tiro. Finalmente el presbítero es reprendido severamente.