Hace ahora poco
más de un año, fruto de la
organización
de
Hasta finales del siglo XVII
las mujeres de Arizaleta para
lavar sus paños, se veían obligadas a trasladarse
hasta el río Ubagua, tanto en
el término de Riezu como en el de Novar (donde hoy se
encuentra el camping), lugar
que distaba media legua, lo cual les obligaba a pasar gran parte del
día, como
figura en 1665. Además de esto, los vecinos de Riezu no
veían con buenos ojos
que los de Arizaleta fueran a su término, por lo que se
producían
enfrentamientos que llegaron incluso a los tribunales. Ante esta
situación en
1672 se contrató con el cantero Francisco Berjerandi,
natural de Asteasu
(Guipúzcoa) y residente en Lerate, la
construcción de toda una dotación
pública, una fuente con depósito, pila para las
personas, abrevador para el
ganado, y un “lavador” para los paños.
La idea era juntar en el depósito las
aguas de dos o tres fuentes cercanas. Sin embargo, en el contrato no se
declara
su ubicación, que como veremos luego sería en el
viejo paraje de Iturriberria,
y que como comprobaremos no es donde están la fuente y
lavadero actuales. Ese
paraje, cuyo nombre significa “fuente nueva”, se
situaba en el camino de
Arrondoa (bajando por el cementerio) y se podría identificar
con unas pilas que
aún existen allí.
En 1738, los vecinos de
Arizaleta decidieron hacer
otra fuente que sustituyera a la anterior y en otro lugar, posiblemente
el
actual. No se muestran las razones, pero en esta ocasión
contratan un
abrevadero el doble de largo, por lo que quizás el ganado
había aumentado y la
fuente no daba agua suficiente (por otro lado la población a
penas había
aumentado). Los canteros adjudicatarios fueron José y Juan
Felipe Urdiáin,
padre e hijo, vecinos de Iturgoyen. Se acordó que los
vecinos de Arizaleta se
ocuparan de los trabajos de excavación, y de acarreo de la
piedra aprovechable
de Iturriberria. También se especifica que se
haría una conducción para dotarla
de agua desde la fuente madre, seguramente la presente Fuente
Cantinero, donde
existe un depósito de captación. Nada se dice de
un tejado.
A partir de entonces se
documentan varias actuaciones
para reparaciones o limpieza. Como en 1768 cuando se pagó a
unos canteros de
Riezu, en 1790 con gasto para adquirir maderas (¿tal vez
para la cubrición?),
en 1798 que el concejo gastó en pan y vino para los vecinos
en una labor
concejil de limpieza... Destacan las obras que hizo en 1855 el cantero
Vicente
Lamariano por su importe.
A día de hoy
queda pendiente su restauración, para
mantener el patrimonio de los que vengan después de
nosotros, y donde puedan
contar esta historia.
Gonzalo Arrarás Vidaurre.
http://arizaleta.webcindario.com