Iglesia de San Andrés.
A mediados del siglo XVI tras un gran aumento de la población y un cambio en los gustos constructivos, se decide construir un nuevo templo. Las obras fueron comenzadas hacia 1550 por Esteban de Urreta, pero este no iba a ser su único constructor ya que en 1558 muere sin terminar su trabajo y le sustituye su hermano Lope. En 1582 muere Lope también sin terminar la obra y le sustituye finalmente Pedro de Larreta que concluye el conjunto para 1598 que es cuando se tasa la iglesia.
Se trata de un edificio de estilo renacentista vasco-navarro, es decir, que arrastra muchas características de la anterior corriente gótica, lo que se aprecia mejor en su interior.

Desde el exterior se aprecian sus lisos muros de sillería, muy propio de estas iglesias del XVI, con contrafuertes rectangulares, algunos vanos para su iluminación, su torre al oeste y su puerta al sur. La torre es un cuerpo prismático en el que se abren dos vanos con arco de medio punto donde se alojan las campanas. La iluminación del templo se hace mediante un óculo en el coro y un vano de medio punto en el ábside, mientras que también se abren otros huecos para iluminar otras estancias de la iglesia. La portada, de puro estilo renacentista, está formada por un arco de medio punto que contiene una roseta en su clave, y está flanqueada por columnas exentas de orden toscano que se asientan sobre un basamento cajeado.

En el interior se observa su disposición en nave única con dos capillas laterales formando un crucero. Tiene una cabecera poligonal y a los pies de la nave un coro. En la bóveda los arcos fajones se apoyan sobre ménsulas cilíndricas molduradas y los distintos tramos tienen nervios que adoptan la forma de estrellas de cuatro puntas sobre terceletes, mientras que en la capilla mayor los nervios apoyan sobre ménsulas vegetales. En la capilla de lado del evangelio se encuentra una imagen de la Virgen con el Niño del siglo XIV dentro de un retablo (XVIII), y además está un San Bartolomé (XVI) que pertenecía a la antigua ermita de su nombre. En la capilla del lado de la epístola se hallan dentro de un retablo (XVIII), un crucificado (XVII), una Virgen con Niño (XIII) y un San Juan (XVIII). Adosado al ábside por el muro de la epístola está la sacristía, sencilla obra del siglo XVII.
Ermita de San Miguel.
Situada en el monte, en la muga con Riezu, a unos 20 minutos a pie, está esta construcción de planta rectangular. Su interior es austero, solo tiene una pequeña pila de agua bendita y un retablo de piedra (XVII) que alojaba un cuadro de San Miguel del siglo XVIII que se guarda en la parroquia. La vistas desde las peñas que están a su lado son muy interesantes.

Arquitectura civil.
Las edificaciones más características del pueblo están enmarcadas principalmente en los siglos XVI (4 casas) y XVII (otras 4). Estas están construidas en sillería y sillarejo, y algunas están decoradas con escudos de los siglos XVI al XIX, puertas de entrada de arco, y otros ornamentos e inscripciones. Lo más habitual es que sean de planta baja mas dos alturas, en las que la primera planta se dedica a la vivienda y las otras eran para uso agrícola.
Destaca, en lo que hoy son dos casas separadas, un palacio de principios del siglo XVI construido en piedra de sillería. Su puerta es un medio punto levemente apuntado, sobre el cual hay un balcón con un escudo posterior al edificio (de hacia 1600). El resto de la decoración se encuentra entorno a una ventana de la misma fachada, en la que se puede ver en su alfeizar seis pequeños escudos, en su dintel otro escudo entre figuras y rosetas, y todo ello enmarcado con distintos relieves y figuras. De esta casa provienen los "Diez de Arizaleta", que anteriormente (en el tiempo de construcción de esta casa) se llamaban "Diez de Urra". De entre sus dueños han salido eclesiásticos destacados y hombres de armas, que eran descendientes y enlazaban con hijas de otros palacios de la tierra.

El monte
El monte en cuya ladera se encuentra el pueblo de Arizaleta, alcanza su cota máxima en los 986 m. Su arbolado es en su mayoría encinas y también hay algunas zonas con pinos de repoblación y robles, entre los que se abre alguna zona de cascajera. Su uso está dirigido principalmente al forestal (calefacción) y a la caza (paloma, jabalí...) del que se benefician los vecinos del pueblo, aunque también sirve de pasto para el ganado (vacas, cabras, cerdos...) y para el disfrute de su paseo.
Sus caminos y sendas nos pueden llevar casi a cualquier rincón suyo. Podemos visitar balsas (balsa roya, balsa pintor, mendizalaya) donde viven ranas y el ganado va a beber, la ermita de San Miguel, lugares con buenas vistas (Legarra, San Miguel, Caserna...), palomeras de cazadores, ruinas de bordas, restos de viejas carboneras, una vieja cantera, fuentes, etc.

Ermita de Santa Catalina.
Lo que hoy vemos como una hermosa ermita, fue en su tiempo la iglesia parroquial del poblado de Ziriza. Este pueblo no pudo soportar los duros años del siglo XV, en los que la peste y las guerras exprimían al país. Se trata de un templo románico de finales del siglo XII que posee influencias del estilo cisterciense. Desde el exterior vemos su forma rectangular de nave única y cabecera semicircular, tan típica del románico. Su ábside tiene una ventana curiosamente adornada y sujetando la cornisa del tejado se encuentran canes con motivos humanos y animales. Sobre el tejado hay una pequeña espadaña donde se aloja una campana. En su interior se aprecian restos de pinturas del siglo XVI en las paredes del ábside, y un coro a los pies de la nave. En la parroquia de Azcona (un pueblo próximo) se conserva la imagen de la santa que antes estaba en su interior.

Nacedero del río Ubagua.
En un paseo a pie desde Arizaleta está el nacedero del río Ubagua. Su origen está en las filtraciones de la lluvia en la próxima sierra de Andía, y desemboca en el río Salado que forma el pantano de Alloz. Tiene un paseo agradable que discurre junto al curso del río, libre de circulación motorizada, con zonas de meriendas y baños. En invierno y primavera es muy espectacular por la gran cantidad de agua que surge de la oquedad, y ante todo posee un gran paisaje.
Barranco de Arbioz.
Se encuentra continuando al norte del nacedero del Ubagua, y consiste en un paso entre los montes de Arizaleta e Iturgoyen, que comunica Riezu y Lezáun a través de una senda. Es un lugar salvaje, donde los buitres que se recogen en las rocas de las alturas vuelan por encima de las cabezas. En los meses húmedos recorre la estrechez un curso de agua que prácticamente se seca en verano.